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domingo, octubre 18, 2026
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De la embajada al colmado, la nueva diplomacia popular de Estados Unidos

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Una embajadora de Estados Unidos compartiendo en un colmado dominicano podría parecer una escena sin mayor trascendencia. Una visita informal, algunas fotografías, conversaciones espontáneas y publicaciones en redes sociales. Nada que, a simple vista, merezca un análisis de política internacional.

Pero si le aplicamos la mayéutica y observamos lo que viene ocurriendo en distintos países de América Latina, esa imagen adquiere otra dimensión. No porque un encuentro en un colmado represente necesariamente una decisión política importante, sino porque revela cómo están cambiando los escenarios en los que se construye la  comunicación diplomática o Diplomacia Popular.
 
Al estilo de la antigua Roma o de los majestuosos salones de Versalles, durante décadas nos acostumbramos a ver a los embajadores de nuestro país como figuras inalcanzables en reuniones oficiales, encuentros empresariales, recepciones y actividades institucionales. Eran figuras que, salvo determinadas excepciones, mantenían una distancia considerable respecto de la vida cotidiana de los ciudadanos de nuestro país.

Pero hoy encontramos una realidad diferente en nuestro país y en toda  Latinoamérica, los representantes diplomáticos participan en festividades populares, bailan salsa, samba, merengue, música norteña y esta bachata, visitan mercados, colmados comparten experiencias gastronómicas, y conversan con influencers que tienen acceso a audiencias que antes resultaban difíciles de alcanzar desde los canales oficiales o desde los despachos de las  embajadas.

Y con esto me surge una pregunta clave: ¿estamos frente a una diplomacia más cercana a la gente o ante una evolución de los mecanismos mediante los cuales los Estados buscan proyectar sus intereses e influir en la opinión pública?

No creo que debamos presentar esas dos posibilidades como necesariamente contradictorias. La diplomacia puede desarrollar relaciones humanas genuinas y, al mismo tiempo, responder a objetivos institucionales perfectamente definidos.  Lo importante de todo esto es comprender esa doble naturaleza de las cosas.

En República Dominicana, la embajadora estadounidense Leah Francis Campos ha desarrollado una cercanía con el pueblo Dominicano nunca antes vista y con esto una presencia pública que combina encuentros institucionales, actividades religiosas, culturales y participación activa en espacios de medios digitales, esto en muy poco tiempo la ha revestido con el velo de la dominicanidad y el pueblo la percibe como una más de ellos y sobre todo porque habla muy bien el español. Su aparición en un colmado de Villa Sombrero, Baní, junto a personalidades políticas y mediáticas, ofrece un ejemplo particularmente interesante para examinar este fenómeno.

Quienes conocemos nuestra realidad social sabemos que un colmado no es únicamente un establecimiento comercial. Es un espacio de convivencia que lleva décadas arraigado en nuestra cultura y ADN como nación y donde se conversa de política, se hablar de los chismes del momento, se discuten los problemas del país, se juega dominó, se escucha música, se habla duro, se bebe ron y cerveza o cualquier elixir que le permita al dominicano dejar de lado los problemas al menos por un rato, ya que al otro día hay que trabajar.

Por eso, cuando una representante diplomática entra a un colmado, está participando en un escenario profundamente vinculado con nuestra identidad cultural y nuestras raíces.

Desde la perspectiva de las relaciones públicas, la selección de los espacios donde aparece una figura institucional influye en la manera en que esa figura es percibida ante los ojos de la población. No es lo mismo comunicar desde una recepción diplomática que hacerlo desde un lugar que el ciudadano reconoce como parte de su vida diaria y como suyo.
 
LA DIPLOMACIA POPULAR NO COMENZÓ EN REPÚBLICA DOMINICANA
Lo que estamos observando tiene antecedentes en otros países latinoamericanos. En Perú, la entonces embajadora estadounidense Stephanie Syptak-Ramnath participó en actividades relacionadas con la gastronomía popular y visitó establecimientos tradicionales donde compartió experiencias de la cultura peruana.

En Argentina, el exembajador Marc Stanley recorrió provincias, compartió mate (una especie de té dominicano) con ciudadanos y sostuvo encuentros con sectores políticos, empresariales y sindicales.

En Brasil, la exembajadora Elizabeth Bagley participó en actividades vinculadas al carnaval y a expresiones culturales locales. Y en Colombia, el encargado de negocios John McNamara apareció en actividades de la Feria de Cali, una de las celebraciones más representativas de ese país bailando salsa y disfrutando como cualquier Colombiano de ese épico encuentro cultural.

Al citar estos casos no estamos hablando de situaciones idénticas ni tenemos argumentos suficientes para afirmar que todas respondieran a un mismo plan regional… jamás.

Sin embargo, estos antecedentes muestran que la participación de representantes estadounidenses en espacios culturales y populares no constituye una novedad exclusiva de República Dominicana…. Pero si una novedad para el pueblo dominicano.

De hecho, ya en 2011 el Departamento de Estado documentaba experiencias de diplomacia digital en Bolivia, Uruguay, Brasil y nuestro propio país. En aquel momento, Facebook y otras herramientas digitales comenzaban a modificar la relación entre las embajadas y los ciudadanos.  Pero hoy con el alcance y rapidez de las redes sociales para difundir mensajes y crear comunidades, el escenario comunicacional en la era digital de hoy resulta mucho más complejo.

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