En el año 2002, a petición del canciller Hugo Tolentino Dipp, le conseguí una cita con el doctor Joaquín Balaguer, con el propósito de leerle unos versos eróticos que había publicado recientemente, con viñetas de la destacada artista Ada Balcácer.

La petición se realizó un domingo en la tarde en la residencia del doctor Tolentino Dipp, ubicada en la avenida Abraham Lincoln, donde su esposa Sara Bermúdez, tenía un negocio de antigüedades y un hermoso jardín.

Le pregunté al doctor Tolentino Dipp si en verdad deseaba entrevistarse con Joaquín Balaguer, dadas las diferencias políticas entre ambos, debido a los enfrentamientos que habían sostenido cuando el primero era rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y se suscitó la lucha “por el medio millón” que reclamaban los estudiantes, por las deficiencias económicas que afectaban a la institución.

Tolentino Dipp me respondió afirmativamente, y quien suscribe le expresó que contara con ese encuentro, al tiempo de preguntarle: —Doctor, ¿podría ser mañana? ─Sorprendido por la rápida respuesta─, me dijo: —¿Cándido, en serio, y tú tienes tanta influencia con Balaguer para conseguirme una entrevista en tan breve tiempo?

—Doctor, si estoy comprometiendo mi palabra es porque estoy seguro que tengo la confianza del poeta Balaguer y puedo complacerlo. —Haría el ridículo ante usted ─le respondí.

—Bueno, vamos a ver si este hecho se realiza, porque un amigo de confianza se comprometió a gestionar la entrevista que te comento y ya han pasado varios meses, y nada, ─añadió.

Recuerdo que el domingo que visité al doctor Tolentino Dipp fue con el propósito de hacerle entrega de unas fotografías que me había solicitado días antes en el restaurant Mesón de Bari, de la Ciudad Colonial, pues él se disponía a escribir un libro sobre los acontecimientos de la Revolución de Abril de 1965.

Al momento de despedirnos, le solicité el teléfono de su despacho para ponerme en contacto con él tan pronto coordinara la entrevista con el doctor Balaguer.

«El doctor Balaguer le dio la más cordial bienvenida y el general Pérez Bello, cerró la puerta y se retiró del lugar para permitir que la conversación entre estos dos rivales se tomara el tiempo que ambos consideraran».

Ese mismo domingo en la tarde llamé al expresidente Balaguer y, coincidencialmente, él mismo tomó el teléfono, pues el general Luis María Pérez Bello los domingos a partir del mediodía se retiraba a su residencia.

Y como Balaguer, aun ciego, tenía la particularidad de tomar el teléfono y de hacer llamadas a amigos y relacionados sin el auxilio del general Pérez Bello, contestó el teléfono y le expliqué los motivos por los que le llamaba, no sin antes excusarme por tratarse de un domingo. Sin embargo, se alegró bastante de la iniciativa y me dijo que estaba en disposición de recibirlo al día siguiente en horas cercanas al mediodía.

El lunes siguiente, a las nueve de la mañana, llamé al despacho del doctor Tolentino Dipp, y tomó el teléfono su asistente, Claribel Cáceres. Al escuchar de mi voz que el presidente Balaguer recibiría al canciller a las once de la mañana, entendió que se trataba de una burla y respondió rápidamente: —«Señor, usted ha llamado a un número equivocado» y me cerró el teléfono.

Volví a insistir y, al tomar el aparato telefónico le dije con mucha autoridad: —«Señora, habla Cándido Gerón, amigo del canciller, no se trata de una burla. Esto es demasiado serio y el doctor Tolentino Dipp, quien en ese momento escuchó cuando ella preguntó: —¿Quién es Cándido Gerón?, le dijo: —«Déjame hablar con él», pude escuchar, debido a que el teléfono estaba abierto.

—Cándido, en qué puedo servirte ─me dice. A lo que de inmediato, respondí: —Doctor, Balaguer lo espera a las once de la mañana. —«¡Cómo, pero yo no puedo acudir a la cita a esa hora. Tengo una reunión en el Palacio Nacional, yo entendía que la misma llevaría días, tal vez, meses…!»

Entonces le respondí:

—El hecho es que Balaguer lo espera a las once, mire a ver cómo usted resuelve ese asunto, porque yo no puedo aparecerme solo a la residencia del doctor Balaguer, pues entonces el que va a considerar que usted lo dejó plantado va a ser el poeta Balaguer, porque él de mí no va a dudar.

—Al escucharme hablar de esa manera, me dijo: —«Bueno, voy a excusarme con el Presidente e iré a la cita. Puede estar seguro que estaré allí a la hora convenida ─me respondió.

—Para ultimar los detalles, le expreso: —«Doctor, al llegar, su chofer va aparcar su vehículo detrás de la limosina del expresidente Balaguer. El general Pérez Bello está al tanto, lo recibirá y lo conducirá directo a la habitación-despacho del doctor Balaguer.

—«De acuerdo, Cándido» ─respondió con mucha amabilidad.

Al llegar a la residencia el canciller Tolentino Dipp, fui a recibirle y mientras se desmontaba del vehículo y escuchaba una algarabía de una reunión que celebraba la dirección del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) para ampliar la matrícula de nuevos ejecutivos de esa organización política, se puso las manos en la cabeza y me dijo:

—«Ay, Cándido, si yo hubiera sabido que esto se va a desenvolver de esta manera, sinceramente, no habría venido». De inmediato, le aclaré: —«Doctor, esa es una especie de gallera y es por este lado por donde se va al paraíso de Milton». Sonrió, calmadamente y en ese momento, la presencia del general Pérez Belló, le proporcionó más confianza en el ambiente.

Subimos los tres a la segunda planta y cuando el general Pérez Bello, le abrió la puerta donde se encontraba el doctor Balaguer acostado en un sillón-cama, vestido impecablemente con un traje color gris, camisa blanca y corbata para la ocasión del día, y encima de su vestimenta estaba cubierto con una bata color azul de ceda, evidentemente que el doctor Tolentino Dipp al encontrarse en un espacio donde se respiraba una atmósfera de pasmosa tranquilidad, se quedó estupefacto.

El doctor Balaguer le dio la más cordial bienvenida y el general Pérez Bello, cerró la puerta y se retiró del lugar para permitir que la conversación entre estos dos rivales se tomara el tiempo que ambos consideraran.

Cuando el doctor Tolentino Dipp le expresó a Balaguer la motivación del encuentro, el exmandatario se sintió muy halagado y, sobre todo, cuando Balaguer, le narró lo agradecido que siempre se había sentido por el respaldo que le ofreció Rafael Tolentino Dipp, tío de Hugo, a la sazón, director del periódico La Información, donde se formó Balaguer como redactor, columnista, crítico literario y editorialista de ocasión.

Balaguer se regodeaba contando acontecimientos de las épocas del 1920 y el 1930, y sobre los cuales el doctor Tolendino Dipp se sentía atraído por la forma con que Balaguer los narraba, algunos de los cuales, me contó tiempo después le había hablado su padre, Vicente Tolentino Dipp, quien dirigió por muchos años la Dirección General de Estadísticas.

Al pasar al momento en que Balaguer le manifestó a Tolentino Dipp: —«Yo no sabía que somos colegas». A lo que el canciller, respondió: —«Doctor, yo solo soy un simple poeta que se complace con escribir sonetos eróticos y unos que otros poemas en versos libres». —«Lo mismo digo yo» ─añadió Balaguer.

Tolentino Dipp aprovechó el momento para expresar a Balaguer las gracias por recibirlo y contarle tantas anécdotas y sucesos importantes, y decirle que iba a cometer el atrevimiento de leerle uno o dos sonetos. En ese momento, interviene quien suscribe y le dice a Tolentino Dipp: —«Señor canciller: por favor, léase ocho o diez que la poesía es el alimento del doctor Balaguer» ─risas de parte de expresidente de la República.

Cuando hubo de terminar la lectura de los sonetos, Balaguer quedó muy complacido y aprovechó el momento para preguntar a Tolentino Dipp, cómo se sentía al frente de la Cancillería y él le respondió que trataba de manejar los asuntos con profesionalidad, pero que tal esfuerzo resultaba complicado debido a la politiquería.

Ahora sucede, que el secretario de las Fuerzas Armadas quiere entrometerse en los asuntos de la Cancillería. Se refería al teniente general José Miguel Soto Jiménez. Doctor, trate de conciliar con Soto Jiménez, él tiene una misión muy complicada, la misma tiene que ver con los problemas de la frontera, caldo de cultivo de todos los males de la república. —El general Soto Jiménez no es mala persona, ambos son dos enamorados de la historia, por consiguiente, busquen la armonía ─refirió el doctor Balaguer.

Hubo un momento de la conversación en que Balaguer le dijo al doctor Hugo Tolentino Dipp, antes de usted despedirse, quiero contarle el siguiente episodio de su tío Rafael, en Madrid, España, quien en medio de la Guerra Civil Española, fungía como ministro extraordinario y plenipotenciario de República Dominicana.

Narra Balaguer, que el general Francisco Franco le solicitó a Trujillo que Rafael Tolentino fuera trasladado de Madrid por considerar que Dipp estaba identificado con las ideas de los republicanos vencidos por el gobernante español y más concretamente la motivación de Franco consistía en que Vicente Tolentino había creado una escuela con la propia sede diplomática donde impartía docencia a jóvenes que Franco veía como potenciales adversarios.

Trujillo, en cambio, recibió informes de que Rafael Tolentino Dipp, publicaba artículos en los medios españoles con relación a la problemática haitiana y tal situación motivó el traslado del diplomático.

Días después de la entrevista entre Balaguer y Hugo Tolentino Dipp

Al regreso de la isla Nassó, donde se celebró una reunión de presidentes y jefes de Estado de América Latina y el Caribe, donde participó el presidente Hipólito Mejía.

De regreso en el avión el doctor Tolentino Dipp se acercó al mandatario y le manifestó: —«Presidente Cándido Gerón me llevó donde el doctor Joaquín Balaguer, para leerle algunos sonetos eróticos de mi autoría».

El licenciado Luis González Fabra, a la sazón director de prensa de la Presidencia de la República, al escuchar lo expresado por el doctor Tolentino Dipp, dijo: —«Presidente, o no sería lo contrario», Hipólito Mejía, sonrió y expresó: —«Y qué de malo hay en eso, Cándido Gerón, me dijo en el proceso de la campaña que Balaguer me había mandado a decir que cuántas veces yo lo quisiera ver que fuera solo, que su residencia estaba a mi disposición y miren, y así fue, porque yo iba siempre acompañado de Hatuey y había temas que él deseaba conversarlos a solas».

El tema terminó ahí. Pero en la Cumbre de Presidentes y Jefes de Estado, celebrada en Monterrey, México, el doctor Tolentino Dipp aprovechó la oportunidad e invitó a González Fabra y a quien suscribe a almorzar con el objeto de explicar al primero, como trascendió la conversación entre Balaguer y él.