
Moradores del sector Filiú en San Pedro de Macorís aun lamentan el arresto de Leomar Valdés Martínez de 81 años, quien era buscado por las autoridades norteamericanas por los cargos de asesinato y lavado de activo.
Según los residentes, Valdés Martínez llevaba más de una década residiendo en una casa de dos niveles ubicada en la demarcación conocida como Juan Pablo Duarte en el sector Filiú de la provincia en mención, a quienes por demás le tomó por sorpresa el arresto del presunto asesino.
«Julio, como le decían en el barrio, tenía muchos años viviendo por aquí, más de 10, por eso nos sorprendió mucho cuando nos enteramos de la noticia», manifestó Domingo, motoconchista y vecino del arrestado.
Este además se mostró un tanto apenado por el apresamiento del nacional cubano, ya que lo considera como «una persona colaboradora y alegre que siempre aportaba con la comunidad sin meterse con nadie».
También dijo que su vecino “era una persona normal que salía al colmado, compraba” y que cuando se enteró le dolió, porque era una gente que conocía por bastantes años que nunca le había hecho daño a nadie en la barriada.
Así mismo piensa su camarada Noel, quien desde ya añora las “acciones de benevolencia” que hacía Valdés Martínez con los comunitarios más necesitados, como aportar a personas que realizaban una construcción incluso colaborar con la escuela Juan Pablo Duarte, la cual está a pocos metros de la que fue su vivienda.
“Si ese hombre te veía realizando una construcción, iba y te ayudaba, te metía la mano en esta misma escuela (Juan Pablo Duarte) él le ayudaba a pitar, a desyerbar te decía ‘mira 100 pesos vete echa gasolina’ y nunca hubo conflicto. Él era un hombre querido de aquí”, dijo Noel.
Otro que corrobora las versiones anteriores fue un vendedor de “agua de coco”, quien tiene su puesto de ventas en las afueras de la escuela Juan Pablo Duarte y catalogó al imputado como una “persona que no mata ni una mosca, que nunca tuvo un problema con nadie”.
En ese mismo sentido Kenia, vecina por casi 20 años de Valdés Martínez, calificó al acusado como “un amor, humilde, que cualquier cosa que uno necesitara lo ponía a nuestra disposición”.
El cubano, a pesar de estar de manera ilegal en el país, llevaba una vida como cualquier otro en la barriada, junto a su pareja, de quien se desconoce la identidad y con quien tuvo una hija.







