
Son juzgados 17 militares desde este miércoles en Ecuador por la presunta desaparición forzada de cuatro menores afrodescendientes en diciembre de 2024, cuyos cuerpos aparecieron posteriormente calcinados y con impactos de bala, un caso que podría demorar varias semanas en llegar a una sentencia por los cientos de testimonios y pruebas que se presentarán.
El caso se remonta a la noche del 8 de diciembre de 2024, cuando los hermanos Ismael y Josué Arroyo, de 15 y 14 años, y sus amigos Saúl Arboleda, de 15, y Steven Medina, de 11, quienes vivían en el barrio Las Malvinas, en Guayaquil, fueron detenidos irregularmente por dos patrullas en los exteriores de un centro comercial y fueron llevados a la zona de Taura, a unos 40 kilómetros de la ciudad, cerca de una base de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE).
Sus familiares no volvieron a saber de ellos hasta días después, cuando la Fiscalía les informó sobre unos restos calcinados que habían encontrado en una zona rural cercana a donde fueron vistos por última vez, los cuales pertenecían a los menores.
Consternación en Ecuador
Los militares aseguraron desde un inicio que los dejaron con vida en una zona rural de Taura, y lo ratificaron en una primera reconstrucción de los hechos realizada en marzo.
Sin embargo, tres de ellos decidieron solicitar una cooperación eficaz (delación premiada) y señalaron en una segunda reconstrucción de los hechos que, antes de su desaparición, los niños habían sido golpeados y humillados repetidamente por varios de sus compañeros. La autopsia de los restos de los menores reveló que recibieron disparos en la cabeza.







