
Por: Lisette Gil
Una “horda” según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua
Española es un grupo de gente que obra sin disciplina y con violencia.
En pleno siglo XXI, en el mismo año y mes en que la humanidad vio
despegar al Artemis II en dirección a la Luna, surgió una horda similar
a las del siglo V liderada por Atila el Bárbaro. Aconteció en Las
Terrenas, al norte de la Península de Samana, República Dominicana.
Pasó en los escasos días de asueto de la Semana Santa del 2026,
donde una concentración de miles jóvenes desaforados, en motores,
botella en mano y semidesnudos, invadieron el pueblo de Las Terrenas,
otrora lugar de descanso y disfrute de locales y extranjeros amantes
de la paz, la playa y el buen comer, generando un caos que amedrentó
al mismo ejército nacional.
En el pasado no muy lejano, Las Terrenas era un auténtico paraíso para
turistas que venían a alojarse en pequeños hoteles, disfrutar de los
muchos restaurantes con cocina gourmet local e internacional, pasar
un buen rato en sus hermosas playas y convivir en un ambiente
armónico y natural.
Todo fue cambiando, pero ese cambio ha sido estrepitoso en los
últimos años donde se ha evidenciado un desarrollo galopante, sin
planificación, sin dirección, sin sentido y en perjuicio de lo que antes
fue y que ha convertido a Las Terrenas en lo que es hoy, el paraíso de
las Hordas de Atila; un territorio donde se levantan construcciones en
humedales, en las cimas de montañas que se deforestan para esos
fines; donde se secan las fuentes hídricas o se contaminan, y donde la
creciente población inyecta al subsuelo sus aguas residuales que
vemos emanar en las antes azules y cristalinas aguas del mar.
Hoy, los motores son los vehículos preferidos de los “hunos” del siglo
XXI en Las Terrenas que, sin casco y haciendo alardes de destreza,
contaminan el ambiente con sus ruidosos mufflers y amilanan a
transeúntes que temen salir a las calles. Sin control, sin ley, sin
penalidad. Los Hunos se han apoderado de Las Terrenas ante el
beneplácito de un gobierno local incapaz, indolente e irresponsable que
cuenta con la venia de las instituciones del gobierno central a las que
no se les puede endilgar el apelativo de “autoridad”, pues carecen de
ella. Lo triste y lamentable es que Las Terrenas se ha convertido en un
Boca Chica II, que como en las malas sagas, las segundas partes son
peores.
Un destino con un potencial turístico especial y envidiable se ha
corrompido por hordas de inmorales que admiten por las redes que su
disfrute depende del dinero que hagan vendiendo sexo barato en
cualquier esquina de Las Terrenas, a cualquier hora y a quien sea!.
Las hordas no son un segmento turístico, ni local ni internacional; no
confundamos el turismo interno con este desmadre, producto de un
triste espectáculo reflejo de lo que estamos creando en esta sociedad;
y lo peor es que el orden es inexistente y la gestión turística se reduce
a inaugurar obritas públicas, como cuando se intenta curar un cáncer
con una curita. Lo propio de campañas politiqueras para que volvamos
a elegir políticos oportunistas impulsores de la involución.
Rescatar Las Terrenas, tomará tiempo, los que han invertido se
arrepienten y los que están invirtiendo no saben lo que les espera. El
cambio solo se logrará cuando las autoridades tengan la capacidad de
hacer su trabajo, hacer cumplir las leyes y la sociedad aprenda a votar
por personas con criterio. De otro modo, todos acabaremos abatidos
por las hordas. La educación y el redireccionar nuestra juventud sera
parte esencial de este proceso, porque ellos son parte de nuestro
futuro, sea cual sea.
El tiempo dirá, pero esta terrible situación debería llevarnos a todos los
que amamos a Samaná, a una reflexión real, tomarnos el tiempo
necesario para buscar soluciones concretas; evaluemos y analicemos
los derroteros actuales de Las Terrenas y busquemos la mejor fórmula
para que, juntos (sociedad y gobierno) rescatemos lo que otrora fue
un paraíso y volvamos a convivir pacífica y armonicamente.







