
No solo las personas tienen la dificultad para establecer un orden de prioridades, las sociedades, y en particular sus clases dirigenciales, también la tienen y en mayor medida. Digo esto después de escuchar y leer decenas de peticiones al gobierno de Luis Abinader para construir «un moderno estadio» en el mismo terreno del Estadio Quisqueya-Juan Marichal y uno se pregunta: ¿Ese estadio debe ser lo primero en el orden de prioridad?
Si tuviéramos un sentido adecuado de las prioridades, pienso yo, hoy se estaría hablando entre nuestros jerarcas de la Liga Dominicana de Béisbol (LIDOM), de la construcción de un estadio para San Pedro Macorís, porque está a la vista de todos que el estadio Tetelo Vargas debe ya y sin esperar un minuto más, sea declarado «Peligro Público».
Si es por orden de prioridad, en el orden social, sería más importante para el país un hospital para quemados, un moderno y eficiente cuerpo de bomberos y más túneles o elevados para resolver el dolor de cabeza del tránsito capitalino.
Gastar una millonada en un estadio para complacer a Major League Baseball, el cual sería utilizado para celebrar dos partidos de pre-temporada una vez al año, o una pata del Clásico Mundial de Béisbol cada cuatro años, no está en el orden de prioridades de nuestro país.
Cuando éramos pequeños, la prioridad número uno seguramente era divertirnos, pero a medida que ibamos creciendo, los intereses fueron cambiando y fuimos agregando a la lista cosas importantes que queríamos tener en la vida y en ese orden de preferencia si necesitamos construir un estadio, el de las Estrellas Orientales debe ser lo primero.
Por suerte, el país cuenta con un presidente con los pies sobre la tierra y cuando en «LA Semanal» se le preguntó sobre la petición de construir un nuevo estadio su respuesta fue clara y precisa: «Yo pienso que sí, que necesitamos un gran estadio, pero también creo que es necesario que participe en esa construcción el sector privado como sucede en otras naciones del mundo».
Esperamos que San Pedro de Macorís, como diría el poeta Francisco Domínguez en su libro «Tierra y Ámbar»: «La caña dulce que hoy prospera en los campos para los extranjeros, será para el nativo sólo un amargo símbolo de muerte».
Un estadio moderno para San Pedro sería un dulce símbolo de vida y prosperidad.







