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martes, abril 21, 2026
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Partidos políticos compelidos a reformularse a fondo o ser desplazados

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El sistema de partidos políticos dominicanos atraviesa desde hace tiempo por un sustancial deterioro, fenómeno que se verifica en otras latitudes del planeta.

Esa tendencia, que afecta la calidad de la democracia, expone al país a un colapso político pudiendo dar lugar a la llegada al poder de un outsider mesiánico, sea un típico demagogo o un pretenso redentor gatopardista que prometa cambiarlo todo para que todo continúe igual.  

En nuestro país debemos ser especialmente cuidadosos con el tema, pues ya hemos padecido situaciones de ingobernabilidad como la verificada en el período 1961-65, cuando en sólo cuatro años subieron y cayeron varios gobiernos, se produjo el golpe de estado a gobierno constitucional de Juan Bosch, una guerra civil y padecimos la ignominia de una segunda invasión norteamericana

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Más atrás están los antecedentes históricos de la era de Conchoprimo, que, tras finalizar la guerra restauradora, produjo desórdenes, enfrentamientos montoneros, derrocamiento de gobiernos y un período de inestabilidad política y social aprovechado por Estados Unidos para perpetrar la primera intervención en suelo patrio, dando lugar a la instalación de la tiranía trujillista.

Empujando la decadencia

La erosión de los partidos políticos dominicanos se origina, entre otros aspectos, en la carencia de proyectos de nación como fundamento ideológico; incumplimiento de los líderes de los programas e ideas ofertados al electorado; ausencia de programas de desarrollo institucional partidarios y de educación política y ciudadana, y no fomento de una cultura democrática y de servicio social.

También los partidos se han visto mermados por la corrupción de los políticos en el ejercicio gubernamental; la desconexión de las cúpulas con las transformaciones de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, presentes ya en la vida cotidiana dominicana.

Particularmente los partidos son afectados en este momento por su incapacidad para conectar con las expectativas de una población de acentuados hábitos urbanos que en menos de 30 años invirtió el 80-20 de asentamiento rural-urbano.

Somos todos ciudadanos permanentemente enganchados a redes globales, bombardeados por unos estándares de velocidad y horizontalidad de la información nunca antes vistos, que incluye gustos, estilos de vida y ansiedades aspiracionales, mientras nuestros caciques políticos se repiten en viejas prácticas políticas de demagogia y falsas promesas. 

Aunque refiriéndose más a Europa, el irlandés Peter Mair advierte que la modernidad ha prohijado «un individuo asocial y atomizado, sumergido en un mundo privado parcial y limitante, un individuo sin ciudadanía», y una volatilidad electoral que lleva a los electores a cambiar de partido con facilidad.

El contexto de la República Dominicana constituye un caso muy especial del fenómeno global de la pérdida de confianza en las organizaciones políticas.

El largo período de enclaustramiento del pueblo bajo la tiranía de Trujillo y su férreo control de las libertades democráticas, y en especial las de tránsito y de prensa y expresión de las ideas, mantuvo a los ciudadanos enclaustrados bajo un manto de oscurantismo extremo.

Luego en los 12 años de Joaquín Balaguer, se disminuyó el control sobre las libertades, pero mantuvo persecución contra la prensa y las ideas políticas, incluyendo la persecución y asesinatos de destacados periodistas, y llegó al extremo de prohibir al principal líder opositor, José Francisco Peña Gómez, hacer uso de la televisión y la radio durante algún tiempo.

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