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martes, abril 21, 2026
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Demolición de vivienda antigua en El Seibo genera reacciones encontradas.

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El Seibo es una provincia con mucha historia. Fue fundada en el año 1502 por el conquistador español Juan de Esquivel. En ese tiempo, los españoles solían poner cruces en los cuatro puntos del pueblo como símbolo de protección, por eso el nombre completo es Santa Cruz de El Seibo. Una de esas cruces todavía se conserva en el sector oeste de la ciudad, y se llama Asomante.

El nombre Seibo viene de un líder indígena taíno llamado Seebo, quien estaba bajo el mando del cacique Cayacoha, de Higüey. Esta provincia no solo tiene raíces indígenas y españolas, sino que también fue escenario de un hecho histórico muy importante para el país: la Batalla de Palo Hincado, durante la época de la reconquista. Con tanta historia encima, no es raro que El Seibo se sienta orgulloso de su cultura, sus tradiciones y su gente.

Entre esas tradiciones, hay muchas casas antiguas que han formado parte de la vida del pueblo por generaciones. Una de ellas, justo frente al parque Juan Sánchez Ramírez —también conocido como Los Cañones—, fue durante casi cien años parte del paisaje y la memoria del lugar. Hoy, esa casa ya no existe. Durante décadas, en el corazón del municipio de Santa Cruz de El Seibo, una casa antigua desafiaba el paso del tiempo. Ubicada justo frente al parque Juan Sánchez Ramírez —popularmente conocido como Los Cañones—, fue la primera vivienda construida en concreto en la provincia.

Su estructura sencilla, pero sólida, representaba no solo un estilo arquitectónico de época, sino también una parte esencial de la historia local. Levantada por Jorge Chahín y María Tuma, inmigrantes provenientes de Palestina, la vivienda tenía casi cien años de existencia y era considerada por muchos como una de las casas más emblemáticas del centro de El Seibo.

Su valor no era solo material: tenía peso histórico, cultural y simbólico en una ciudad reconocida por sus tradiciones, como los atabales, las fiestas patronales, la corrida de toros y la religiosidad popular. Pero a mediados de julio de este año, el panorama cambió abruptamente. La casa fue demolida. Y con ello, se desató un debate en el municipio que aún sigue vivo.

Para algunos ciudadanos, su desaparición representa una oportunidad para dar paso al progreso, al embellecimiento de la ciudad y al impulso del turismo. Ven en la modernidad un camino necesario, incluso si esto implica dejar atrás ciertas construcciones del pasado. Otros, sin embargo, lamentan profundamente la pérdida y señalan que El Seibo está dejando morir su historia, como ya ha ocurrido con otras instituciones culturales olvidadas, entre ellas la Casa de la Cultura.

También están los que opinan que este tema ha sido exagerado, ya que hay problemáticas sociales más urgentes que ameritan atención. Mientras tanto, en redes sociales y en las calles, muchas voces se alzan cuestionando por qué el Estado nunca declaró oficialmente la casa como patrimonio cultural, y por qué solo se manifestó interés cuando ya era demasiado tarde.

La demolición no solo generó debate entre los ciudadanos, sino también una fuerte reacción por parte de los descendientes directos de los fundadores de la casa. La familia Chahín Tuma, constructores originales del inmueble y reconocidos por su historia en la comunidad seibana, expresó públicamente su rechazo e indignación por lo ocurrido.

A través de una carta dirigida al presidente de la República, al ayuntamiento local, a los ciudadanos y a los medios de comunicación, los familiares (más no el propietario) manifestaron su profundo pesar al enterarse — por redes sociales— de la destrucción de lo que llamaron su casa ancestral. Para ellos, el daño no fue solo material, sino también espiritual y patrimonial para todo El Seibo. “No fuimos informados ni consultados. Nadie nos pidió consentimiento.

Esta demolición, para nosotros, es inaceptable”, expresaron en el documento, donde, además, solicitaron una investigación clara sobre cómo se tomó la decisión, quiénes la ejecutaron y bajo qué justificación legal. Como gesto reparador, la familia propuso que el inmueble sea reconstruido y adaptado como un museo histórico, propuesta que —según ellos— ya había sido considerada tiempo atrás por autoridades locales y algunos miembros de la comunidad.

En un tono conciliador, cerraron la carta ofreciendo disculpas públicas al pueblo de Santa Cruz de El Seibo por los hechos ocurridos, reafirmando su compromiso con la memoria y el legado de sus antepasados. En esta primera entrega, presentamos los hechos, las posturas encontradas y el contexto histórico de esta emblemática vivienda. En la segunda parte, profundizaremos en el marco legal del patrimonio cultural en República Dominicana, el papel de las autoridades y si esta demolición pudo haberse evitado.

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