
La Semana Santa no tiene una fecha fija porque su cálculo combina el calendario solar con el ciclo lunar, una fórmula establecida desde hace siglos.
El punto clave es el Domingo de Pascua, que se define como el primer domingo después de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera, fijado el 21 de marzo.
Debido a este cálculo, la Pascua puede celebrarse entre el 22 de marzo y el 25 de abril, y a partir de ahí se organizan los demás días como Jueves y Viernes Santo.
La relación con la luna llena proviene de la tradición judía, ya que la Pascua cristiana está vinculada a ella, que también se rige por el calendario lunar.
Este método fue establecido en el Concilio de Nicea en el año 325, donde se acordó unificar la fecha y celebrarla en domingo siguiendo el ciclo lunar.
La diferencia entre el calendario solar y el lunar hace que las fechas no coincidan exactamente, lo que provoca que la Semana Santa cambie cada año.







