La barricada de camiones colocada por los bandidos ha paralizado por completo las operaciones en estas instalaciones vitales, dejando a la población sin acceso a combustible y sumiendo al país en una situación desesperada. La evacuación de los administradores y empleados de la terminal es un indicio claro del nivel de peligro que enfrentan.

La falta de combustible ha llevado a un aumento exorbitante de precios en los derivados del petróleo, exacerbando la dificultad para acceder a bienes básicos y servicios esenciales. Las gasolineras permanecen cerradas, mientras los especuladores se aprovechan de la escasez para inflar los precios y lucrarse a expensas del pueblo haitiano.

La situación se ve agravada por la falta de seguridad en las zonas de conflicto, donde muchas estaciones de servicio han suspendido sus operaciones debido al riesgo para el personal y los clientes.

 La incertidumbre sobre la llegada de nuevos cargamentos de combustible solo agrega más preocupación a una población ya al borde del colapso.

Es crucial que la comunidad internacional tome medidas inmediatas para abordar esta crisis humanitaria en Haití. La seguridad y el bienestar del pueblo haitiano están en juego, y es responsabilidad de todos trabajar juntos para encontrar soluciones que proporcionen alivio a aquellos que más lo necesitan.