
Cincuenta y un años después de que los tanques estadounidenses desembarcaran en las costas dominicanas, Juan Bosch (1909-2001) sigue siendo la voz más influyente que ha intentado explicar qué fue realmente la Revolución Constitucionalista de 1965. Desde el exilio en Puerto Rico, donde no empuñó un fusil ni dirigió tropas, el escritor, historiador y fundador del PRD y luego del PLD construyó una interpretación que transformó el caos de abril en un capítulo coherente de la larga lucha dominicana por la soberanía.
Bosch no escribió crónicas de combate. Sus textos fueron reflexiones maduras, elaboradas con la distancia del intelectual que observa la historia con lentes marxistas y materialistas. Cuatro obras destacan como pilares de su pensamiento sobre aquel abril sangriento:
- Crisis de la democracia de América en la República Dominicana (1964), escrito justo antes del estallido, ya anticipaba el terremoto institucional.
- La Revolución de Abril (ensayos de 1979, publicados en Vanguardia del Pueblo y después recogidos en La Guerra de la Restauración, 1982), su análisis central del conflicto.
- El Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo (1967), donde elevó la intervención de 42.000 marines a categoría teórica.
- Y un conjunto de cartas, apuntes y documentos compilados posteriormente que completan su testimonio.
Para Bosch, la Guerra de Abril no fue ni un “compló comunista” –como repitió la propaganda de Washington– ni un simple motín militar. Fue, según su lectura, la última y más cercana tentativa de revolución burguesa en la historia dominicana. Desde la independencia de 1844, pasando por la Guerra de la Restauración de 1863-1865, hasta la ocupación norteamericana de 1916-1924 y la dictadura de Trujillo, el país nunca había logrado consolidar una burguesía nacional madura ni las bases materiales para un Estado capitalista estable. La intervención de 1965, argumentaba, no hizo más que poner de manifiesto esa frustración estructural.
“El pueblo dominicano volvió a intentarlo –escribió–, pero la burguesía era todavía un fantasma sin cuerpo”. Por eso la revolución constitucionalista, aunque popular y patriótica, estaba condenada a ser aplastada por el poderío militar de Estados Unidos. Bosch acuñó el concepto de “pentagonismo”: ya no era el imperialismo clásico de las empresas bananeras, sino la burocracia militar-industrial del Pentágono la que intervenía para autojustificarse y mantener su presupuesto. La República Dominicana y Vietnam se convirtieron en sus dos grandes ejemplos vivos.
El veredicto de Bosch fue duro pero no derrotista. La gesta de abril fue heroica, afirmó, pero también marcó el fin de las ilusiones de una revolución burguesa viable en el país. “La próxima vez –predijo– será la primera revolución proletaria”. Con esa frase cerraba un ciclo histórico y abría otro.
Sus escritos no devolvieron a Bosch a la presidencia –perdió las elecciones de 1966 y 1970– ni evitaron que Joaquín Balaguer consolidara el poder conservador. Sin embargo, sí lograron algo más duradero: reescribieron la memoria nacional. Lo que para muchos era un “caos comunista” pasó a ser, en la historiografía de izquierda y en buena parte de la academia, una lucha legítima por la Constitución de 1963 y contra la intervención extranjera. Hoy, cada 24 de abril, cuando se conmemora el inicio de la guerra, las palabras de Bosch siguen resonando en seminarios, aulas y discursos políticos.
El intelectual que desde el exilio vio caer a sus compañeros bajo las bombas estadounidenses dejó, más que un partido o un gobierno, una interpretación que todavía explica por qué, sesenta años después, la República Dominicana sigue debatiendo su soberanía, su clase dominante y su lugar en el mapa del poder hemisférico. Bosch no ganó la guerra de las calles, pero ganó la guerra de las ideas. Y esa victoria, en un país de revoluciones frustradas, es la que todavía perdura.
tomado de codigopostalrd.net







